martes, noviembre 28, 2006

Inteligencia

Leyendo en los blogs de Imperator y Rapunzell me he puesto a pensar. Y como ese proceso suele dar una tocho inaguantable, lo pongo aquí para disfruto del personal y mío propio.

Imperator y Rapunzell son dos de esas personas cuya inteligencia me parece superior a la mía. No voy a hablar de medias, dado que la única inteligencia que conozco es la mía. Y la suya es superior, muy superior de hecho. Siempre es interesante leerles, hablar con ellos, en general discutir con ellos; y es porque es tremendamente sencillo acabar la conversación habiendo aprendido algo.

He hablado de su inteligencia, pero claro, surge la pregunta inevitable: ¿Qué es ser más inteligente?

Hace tiempo acuñé una descripción de inteligencia que me satisfacía más que las que me había encontrado por ahí, y era que la inteligencia es la capacidad de responder adecuadamente a la situación. Definición sencilla, plana, y que no sirve para nada porque no aclara nada. Pero me gustaba y aún ahora la valoro.

Pero leyendo las entradas de esas dos maravillosas personas me he dado cuenta de dónde esta el quid de la cuestión. O uno de ellos vaya. Voy a intentar explicarlo utilizando una especie de analogía. Desde que nacemos hasta que morimos estamos recibiendo un elemento a través de la experiencia, el conocimiento. Conocemos cosas permanentemente, muchas y muy distintas. Y habitualmente el conocimiento es una mercancía que solemos almacenar en paquetes o ladrillos por razones de espacio y clasificación. Y estos ladrillos de conocimiento se pueden utilizar para hacer cosas.
Pero... ¿qué construir? A no todo el mundo les gusta o les llena lo mismo, es imposible, hacen falta unos patrones para que cada uno lleve a cabo lo que desea. Los planos de nuestro edificio personal son, de nuevo, propios de cada uno. El principio siempre es genérico: cavar la zanja, plantar los cimientos y poner la primera fila de ladrillos, pero a partir de aquí cada cual se especializa y levanta su edificio particular. Su vida.

Los edificios de Impe y Rapun son, en la medida que puedo ver y siguiendo esta analogía, dos edificios jóvenes, hermosos y en crecimiento. Y su hermosura no tiene nada que ver con una fachada bonita o una decoración profusa, no... viene de la acertadísima disposición de los ladrillos, de esas diminutas porciones de conocimiento y experiencia que los componen. Han sabido colocar cada cosa en su lugar y han sabido utilizar todos los recursos que les han sido dados para la consecución de su tarea.

Es decir, la inteligencia es la capacidad propia de utilizar acertadamente aquello que ha sido otorgado a cada uno para la consecución de objetivos, la capacidad de jugar bien las cartas de la mano.

Y esta capacidad depende del objetivo. Sin objetivo no hay capacidad que valga, no merece la pena su existencia. Es decir, la inteligencia es dependiente de la situación. Si se suele hablar de ella como una capacidad base e independiente es simplemente porque el campo que se está tomando para aplicar esa capacidad es demasiado amplio para abarcarlo. Pero la verdad es que todos los campos, propios y ajenos, están limitados a la duración de una vida. Y durante ella la inteligencia cambia.

Pero a los seres humanos los cambios nos gustan poco. Por eso la capacidad que tiene una persona de realizar una tarea determinada siempre es juzgada en base a unas condiciones que consideramos "normales". Es decir, aquellas que se repiten más a menudo. Por ejemplo, yo voy casi siempre sobrio al curro. Pero alguna vez ha pasado que cuando hemos montado cena en el departamento hemos ido de empalmada y medio bebidos a currar. Y ese día el rendimiento es menor del normal (aunque no mucho, ya que curro en el estado). Pero si tomamos el ejemplo contrario con una persona va de manera habitual borracho a currar y un día resulta que va sobrio, los compañeros se asombrarán de su capacidad porque está por encima del umbral al que están acostumbrados.
Y solemos tomar la inteligencia "ideal" de una persona a la capacidad de la que hablaba antes cuando todo está a favor de ella, cuando tiene una escalera de color en la mano. Pero la realidad es la mejor crupier de todos los tiempos y esa situación se repite poco.

Pero me desvío: cuando digo que estoy ante una persona cuya inteligencia es superior, es la situación que surje cuando, obviando detalles, echo una mirada amplia a la parte de ese edificio que puedo ver, y me gusta lo que veo. Son siempre edificaciones hermosas, orgullosas de lo que son y del esfuerzo que les ha llevado a ese punto. Y es igualmente hermoso poder verlos contra el horizonte al atardecer.

jueves, noviembre 02, 2006

Un test de actualidad...

... por lo menos de la mía ;)

What WoW Character Are You?



Hunter - you share a special connection with animals. Whether you rely on bows or firearms, you consider your weapons and pets to be your only true friends.
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martes, octubre 31, 2006

Cuestionario

Mi buen Amandil ha tenido la deferencia de pasarme este interesante cuestionario. Allá va:

Cuestionario hecho por: Earendil
Nominado por: Amandil
Banda o grupo elegido: Joaquín Sabina

¿Eres hombre o mujer?: Adivina adivinanza
Descríbete: El joven aprendiz de pintor
Qué sienten las personas acerca de ti: Corre, dijo la tortuga
Cómo describirías tu anterior relación sentimental: 69 Punto G
Describe tu actual relación con tu novio(a) o pretendiente: Amor se llama el juego
Dónde quisieras estar ahora: Pongamos que hablo de Madrid
Cómo eres respecto al amor: Besos en la frente.
Cómo es tu vida: ¿Quién me ha robado el mes de Abril?
Qué pedirías si tuvieras un solo deseo: Pisa el acelerador
Escribe una cita o frase sabia: ¿Quién es Caín, quién es Abel?
Ahora despídete: Adios, adios

Paso el testigo a Imperator, Rapunzell, Tindriel, Athair y a mi amor.

lunes, octubre 30, 2006

El Florido Pensil

Me estoy leyendo este delicioso libro, alumbrado por el sublime Andrés Sopeña Monsalve y del cual recomiendo una detenida lectura.

A lo largo de sus páginas, comenzando con un excelente prólogo a cargo de Gregorio Cámara, Catedrático de la Universidad de Granada, y con una divertida e inteligente introducción a cargo del autor, se puede encontrar un retrato, un bosquejo extremadamente definido, de lo que se enseñaba en las escuelas de aquella España nacionalcatólica de la dictadura de Franco.

Echando mano de una extensa bibliografía, entre otros la famosa Enciclopedia Álvarez de diversos grados, el autor va navegando por las aguas de la historia, de nuestra historia reciente, y va analizando con un notable sentido del humor, una pizca de mala leche y una considerable dosis de ternura aquellos años en los que el "Cara al Sol", el himno nacional en cualquiera de sus versiones oficiales y el rezo diario eran el pan de cada día.

Resulta muy clarificador mirar acerca de la visión del mundo que tenían los poderes que controlaban la educación (como practicamente todo) en la España de la Franco, de la escala de valores que consideraba apropiada para el buen ciudadano y la buena ciudadana (no, no es corrección política, es que en aquel tiempo los valores deseables cambiaban según se fuera hombre o mujer), y luego echar un vistazo a la realidad cotidiana y presente para descubrir que las cosas no han cambiado tanto desde entonces.

Es cierto. Y me gustaría haber vivido en aquella España pasada y terrible, con sus miserias, su incultura y su aciago destino solamente para poder mirar atrás ahora y pensar que, después de todo y visto lo visto, aquellas generaciones no salieron tan mal paradas después de todo. Y mira que lo intentaron a conciencia aquellos "educadores". Me gustaría tener la visión del tema que tiene mi padre, por ejemplo, que reconoce las ilustraciones (humorísticamente comentadas) que jalonan el libro y es capaz de captar el aroma que, cuarenta años después de aquello, sigue emanando de las páginas de esta fotografía. Yo solamente puedo imaginarlo y comparar esa imagen con lo que tengo yo vivido, que dicho sea de paso, no es mucho.

Pero insisto, los numerosos cambios que ha vivido la sociedad española desde aquel tiempo se me antojan más superficiales de lo que yo mismo quiero reconocer. Y para muchas aparentes sinrazones acerca del presente se pueden encontrar respuestas, sutilmente escondidas detrás de cada broma, de cada crítica, de cada imagen, humildes pobladoras de El Florido Pensil. Una razón más para entender y, por qué no, amar más a este curioso pueblo que somos los españoles. Y digo pueblo no porque sea inconsciente de la variedad de Pueblos que pueblan la península ibérica y las islas, sino porque para mí España no ha dejado de ser como la plaza mayor de un pueblo, con los defectos y las virtudes esperables, habitada por nosotros, personas amables a ratos, hospitalarias, divertidas, leales y amantes de su familia y sus amigos, pero también irritables, iracundas, algo incultas y bastante cenutrias.

De todo ello, y de más cosas nos habla este tratado sobre la educación en la Dictadura. Porque la educación, como bien se preocupa de recordar el autor en la introducción, no puede sustraerse nunca del contexto en el que tiene lugar, y tanto el continente en forma de maestros y alumnado, como el contenido en forma de conocimientos, son indicativos de lo que está pasando en ese lugar en un momento determinado. Y el tiempo suele dar bastante perspectiva a los asuntos, tanto más cuando las realidades a las que se hace referencia siguen frescas en la memoria de algunas personas. Todo aquello, pequeños detalles, mínimos misterios, retazos en un papel, de repente cobran forma y se convierten en algo más grande que la suma de ellos mismos. De repente se abre una amable ventana al pasado que invita a asomarse y a mirar todo aquello desde arriba, pero desde cerca. Hay que aprovechar ahora, que aún quedan personas que estuvieron allí y que son los únicos capaces de abrirla. Hay que aprovechar ahora y mirar.

Este libro es una ventana así, sencilla y pequeña pero única. Y articulando la narración, como las jarcias un navío, está la prosa ligera, firme, inteligente y asequible del autor. Insisto, una delicia que recomiento a todos, sin importar comunidad autónoma, nación o realidad nacional, tanto si se quiere pasar un rato de ocio como levantar la vista hacia el horizonte cercano de nuestra historia.

¿Se puede pedir algo más?

miércoles, octubre 04, 2006

Oye Ear, tengo que pedirte un favor: es que tengo unos sofas que...

Otra entrada recurrente. Una bella dama me llamó ayer y me dijo que si tenía tiempo para echarles a ella y a su chico un cable para un pequeño trasvase de muebles, concretamente de sofás. El plan era ir a una casa, bajar dos sofás, ir a la otra, bajar dos sofás, subir los dos que se trajeran y llevar los dos restantes a una tercera casa.

Todo aquel que me conozca sabe que si me llama para irme de fiesta, para ir a una exposición y, en general, cualquier evento de ocio, puede que vaya o puede que no; pero también sabe que si me llama para acarrear cosas de una casa a otra, suelo remover Roma con Santiago para echar un cable.

Y aunque sé que no debería pasarme a estas alturas del cuento, tengo que reconocer que me sorprendí de que esta pareja de amigos, que lleva toda la vida en su ciudad (Alcalá de Henares) y que tiene a muchísimas personas conocidas y amigas en ella, tuviera que recurrir a mí para mover dos sofás un miércoles a las siete de la tarde. Y eso que la experiencia que me han dejado las varias decenas de mudanzas, propias y ajenas, en las que he estado ha sido que, aparte de varios consejos prácticos de cómo colocar las cosas en la furgoneta o cierta soltura para bajar cosas grandes por escaleras, que todos esos colegas y amigos para los que puedes contar para fiestas, juergas y exposiciones, casualmente siempre tienen algo que hacer cuando se les pide una mano para llevar cajas. Sencillo. Simplemente hay que contar con ello. Pero aún así y todo me sorprendió la ausencia de personal, dada la vida social de esta pareja amiga mía.

Ah, los amigos... en fin.

Total, que fuimos para allá Kalruth (loado sea su nombre una y mil veces, no hay otra como ella) y yo después de salir del curro. Y, como de costumbre, la tarde transcurrió entre chanzas, risas y resuellos y al final resultó divertida, aunque acabásemos baldados. Y esta para mí es una razón de igual peso que la de saber que no hay nada más ingrato que trasladar un hogar a otro lado y que es cuando la gente realmente te necesita: las mudanzas suelen ser divertidas y suelen unir bastante a la gente. Aunque consista solamente en mover dos sofás.

En fin. Disfrutad de vuestros sofás nuevos chicos, que ya iremos a probarlos ;)

martes, octubre 03, 2006

Es muy frustrante...

... tener la sensación de se está fallando en algo vital y no saber qué es.

En mi caso, la mayor tara que tengo es la Pereza. Es algo de huir como de la peste. Lo único bueno que tiene es que es el único pecado capital que te exime de cometer los otros seis. Con lo cual tenemos una equivalencia peligrosa.

Aquellos que tendemos a hacer instrospección a cada momento en que tenemos oportunidad solemos tener una idea muy clara de lo que anda mal dentro de nosotros. Y es porque la instropección, a pesar de requerir bastante esfuerzo mental, es un juego donde el coste esfuerzo/beneficio es muy atractivo.

A la hora de ponerle solución a los problemas que, perfectamente identificados y ordenados, son los único que se interponen entre nosotros y la felicidad ya la cosa cambia. Y es que suelen pasar por meter el pico a pilares demasiado importantes, o simplemente, que llevan demasiado tiempo ahí y que no tienen otro valor que la veteranía. Nos ponemos sin mucha convicción el casco, cogemos el pico y cuando la primera esquirla nos salta a la cara lo dejamos estar, hasta la siguiente vez que, haciendo un recorrido por la instalación, volvamos a pensar que estaría bien derribar ese pilar que ya no hace nada ahí, pero al que, por alguna misteriosa razón, tenemos mucho cariño.

Imperator en esta estupenda entrada habla acerca de la acumulación de cosas en casa. Yo quisiera ir un paso más allá y decir que los seres humanos somos mentalmente degenerativos: como ciertos sistemas operativos, se tiende a acumular basura, mucha basura, entendiéndola como pensamientos y opiniones que tuvieron su razón de ser en su día, pero que ya han perdido vigencia. Es una tendencia contra la que se puede luchar. Pero es cansado.

Esta entrada es recurrente. La rueda del karma ha dado otra vuelta y yo sigo por aquí.
En fin...

viernes, agosto 18, 2006

Ejercicio para escribir

Es algo bueno que cada año haya más libros escritos. Es algo bueno que los weblogs se hayan popularizado. Es algo bueno que el ser humano se dedique a comunicar con algo más de consciencia que la que se pone en una conversación normal.

Más que nada porque es un recordatorio constante de que todo el mundo tiene algo que decir.

Cada cual, con su porción de este infinito pastel que llamamos vida, atesora una serie de cosas que son diamantes en bruto. Y creo que es natural intentar compartir esa riqueza interior, aunque sea de la manera de un comentario casual sobre el partido del domingo o de un comadreo cualquiera sobre un famoso de turno. Cada palabra es una invitación a conocer a la persona que la alumbra.

Y un blog, como un diario, es una manera de ver fotografías de uno mismo en diversas situaciones, sin llegar casi nunca a un hilo conductor que las una y que sea más fuerte que la autoría del mismo fotógrafo.

Me gustaría conocer a los buenos fotógrafos que tengo enlazados y de los cuales solamente tengo instantáneas. Pero bueno, paciencia.

lunes, agosto 07, 2006

Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad.

En una triste y hermosa entrada, Imperator rinde homenaje a un amigo suyo que ha muerto recientemente. Poco más se puede decir que no haya dicho él. O a mí no se me ocurre.


Al navegar por el océano de la vida nuestros barcos van dejando una estela. Muchas veces no somos conscientes de que el hecho de que estamos aquí hace al universo diferente. Nuestro barco mueve el océano y el océano mueve al barco. Las gotas de agua que acariciaran una lejana playa al otro lado del mundo serían distintas a las que lo acarician ahora si ese barco, perdido en la inmensidad, no estuviera donde está y avanzando como avanza. Cada onda, cada remolino, cada diminuta resaca que creamos al navegar llega hasta los confines del océano, los atraviesa y vuelve; y afectan al resto de barcos, al resto de peces, al resto de granos de arena de las playas, al resto de moradores de los mares.

La inmortalidad existe, y su esencia es la que acabo de describir.

El mismo Imperator, en otra hermosa entrada, hablaba sobre la muerte y decía que, llegado un momento, todo lo que él ha sido, todo lo que ha hecho, todo aquello que ama y odia, todo lo que le rodea habrá desaparecido para siempre. Y es cierto. En esta travesía a través de las aguas no nos espera ningún puerto como el que hemos dejado atrás. Nuestro barco se hundirá hasta el fondo, los peces y los microorganismos lo corroerán y lo desintegrarán; todos aquellas personas que hayamos conocido en nuestra singladura morirán, y con ellas morirá también el recuerdo. Al final no quedará nada de lo que somos, de lo que fuimos, o de lo que seremos.

Pero algo permanecerá para siempre: las huellas que hemos dejado en la superficie del océano en nuestro viaje, aunque nadie pueda verlas. Pero eso tampoco importa.

El universo es como es porque nosotros estamos aquí.
El universo será como será porque nosotros habremos estado aquí. Aunque no haya nadie para recordarnos.

martes, julio 25, 2006

Cobardía y valentía

Muchas veces las personas a nuestro alrededor nos sorprenden cuando se muestran más valientes o más cobardes que la imagen que teníamos de ellos. A veces incluso nos sorprendemos a nosotros mismos por esa razón. Es algo natural por otra parte: cada vez que nos levantamos vemos el mundo de un color distinto y hay días en los que enfrentarse a cualquier cosa (sea un jefe ogro o a una simple ducha fría) parece muy sencillo o extremadamente complicado.

También es algo que depende de la situación. Una adolescente que es muy lanzado con las chicas y que sin embargo tiene miedo de enfrentase a su padre, un soldado que siempre es el primero en lanzarse en el paracaidas y que sin embargo en una cita está nervioso como nunca, un profesor que es capaz de infundir terror a una clase entera de alumnos y que sin embargo duerme con la luz encendida por la noche... Cada cual tiene sus fortalezas y sus debilidades, aquellas zonas en las que se siente seguro y se desenvuelve bien y aquellas oscuridades que intenta evitar como sea.

Con este inestable punto de partida hay algunas dificultades a la hora de decir si una persona es cobarde o valiente. De manera que solamente se me ocurre un baremo posible a la hora de mensurar la valentía, y es la capacidad que tiene una persona de actuar convenientemente a pesar de sus miedos, la capacidad de autosuperación de cada cual. Según esto parecería que el único que sabría de la propia cobardía o valentía sería el sujeto, con lo cual volvemos al principio.

Pero hay un matiz interesante, como un rayo de sol que se filtra a través de las nubes de un huracán: cada victoria sobre uno mismo deja un poso, una delgada pátina, un pequeño asidero, una pequeña luz. Y cuando ves a una persona que brilla con esa luz tenue y apenas perceptible de las miles o millones de pequeñas victorias, entonces sabes que estás ante un valiente. Es la luz que hace brillar a Aragorn y a Gándalf, a Samsagaz y a Frodo, a Meriadoc y a Peregrin. Es la luz que está presente en todos los Héroes que alguna vez han sido, son y serán. Es la luz de los valientes.

Para ser un héroe no es necesario matar a Ancalagón el Negro ni acabar con el Señor Oscuro de Barad-Dûr. Para ser un héroe simplemente es necesario acostarse sabiendo que has hecho todo lo posible, día tras día, batalla tras batalla, pequeñas o grandes, ser consciente de que nada ha podido contigo, y que si hay algo volverás y vencerás. A lo mejor un día todos aprendemos a lucir como estrellas.

martes, julio 18, 2006

Ánimos alterados

Suelen aparecer siempre que se saca a la palestra el tema de las creencias. Indefectiblemente. Lo que no termino de entender es por qué sucede esto.

Los seres humanos emitimos creencias todos los días. No creencias profundas y universales, sino algo más básico, definido por la RAE como "Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos". Muchas veces las situaciones cotidianas dan lugar facilmente a que se otorgue crédito a un hecho, aun sin tener datos suficientes para una completa seguridad. Sentencia del tipo "Creo que Fernando Romay mide 2,14 metros" o del tipo "Creo que era 200 gramos de harina" ejemplifican lo habitual de las creencias.

Sin embargo, la RAE añade una acepción más al término creencia, y acto seguido lo define como "Religión, doctrina". Es decir, cuando se habla de creencias, comúnmente se refiere a estas últimas. Yo incluso añadiría "filosofía" a esa definición, tomada como el conjunto de reglas por las que se define un comportamiento consciente de una persona. Claro, cuando se habla de algo tan profundo cualquier discrepancia que pueda surgir tiene muchas posibilidades de convertirse en una discusión sin freno ni resolución posible.

Las doctrinas de una persona no cambian así como así. No pueden hacerlo porque creo que son unas de las bases de la personalidad. De manera que cuando se cuestiona una creencia, aunque sea de manera respetuosa y cordial, las posibilidades de afrentar a la persona son altas. Muy altas, de hecho. Porque a fin de cuentas se está juzgando una de las cosas que nos hacen ser como somos. Imagino que son necesarias una madurez y una serenidad bastante grandes para soportar las críticas a las creencias propias con una sonrisa en el rostro.

Me dijo un buen colega hace tiempo, con tino, que cuando él criticaba una opinión, juzgaba eso, la opinión, y no a la persona. Es decir que cuando él tilda de tonta una opinión no le está llamando tonta a la persona que la emite. Es un planteamiento que me gusta y que considero muy correcto, pero que por desgracia no es demasiado aplicable en las discusiones sobre creencias. Lo que se juzgan en esas discusiones no son opiniones, sino a las propias personas. La intención es buena, pero el resultado es siempre bastante desalentador.

Aún no he conocido a nadie que carezca de doctrinas.

Algunas de nuestras doctrinas tienen un origen religioso, sin duda, sin importar que hayan evolucionado y dado lugar a algo completamente diferente. Pero aún no he conocido a nadie que haya estado o esté fuera de la influencia de las religiones. Aunque sea para condenarlas y para luchar contra ellas.

Es por eso que cuando se atacan las creencias de algunas personas cercanas a mí me pregunto si me he perdido algo, si hay algún fallo en mi razonamiento. Porque las doctrinas de las personas que conozco no son nada destructivas. No conozco a nadie (creo) que piense que esté bien hacer explotar una bomba dentro de un autobús escolar, ni que piense que es necesario pasar a cuchillo a todos los surafricanos. No, son gente sencilla que se dedica a vivir su vida, a intentar llevarla sin demasiadas complicaciones, y que aspira a ser feliz. Las doctrinas de un amigo mío que sea muy católico no entran más en conflicto con otro amigo mío que sea ateo, o no deberían. Ninguno le está robando el pan al otro, ni se está tirando a la novia del otro, ni está vejando a la familia del otro. No lo entiendo. Es afán de hacer daño porque sí.

No sé... a lo mejor el hecho de aceptar que existen otras maneras de ver el mundo es más complicado de lo que parece. Porque la cosa es que yo solamente tengo la mía y por lo tanto debo esforzarme para intentar ponerme en otra piel.

Ah, vale, ahora lo capto XD.
Esto del blog es maravilloso para poner orden.


Cuando la doctrina de alguien que se cruce en mi vida afecte a ésta de forma sensiblemente destructiva, entonces probablemente estas pacíficas maneras desaparezcan y surja la bestia. Pero mientras tanto... ¿para qué? Aún no he conocido a nadie que desee que a las mujeres les corten el clítoris o que piense que yo, blanco, español y medio calvo, debería estar muerto. El día en que lo conozca ya veremos lo que pasa.

lunes, julio 17, 2006

Currando en la Ciudad Universitaria.

En muchos sentidos soy un privilegiado. Pero cada día, al subirme al autobús que me deja en la puerta del curro, me acuerdo de uno en particular, y es el lujo de saber que trabajo en un entorno que es bastante complicado mejorar. Árboles, césped, sombras frescas y parques amables, el paraninfo con sus campos de rugby y fútbol, pocos edificios... la ciudad universitaria de Moncloa se me antoja un lugar inmejorable. Miro por la ventana y veo los troncos blancos de los chopos calentándose al sol, un poco más allá dos coníferas majestuosas, parecidas a abetos, justo detrás dos arbustos bajos recortados con forma de cúpula, y en el centro hay una pequeña explanada de tierra con un banco de piedra, de los de antes. Este es un gran sitio.

Es poco probable que me quede toda la vida en este trabajo, pero sé que antes del curro de siete horas en invierno y de seis en verano, y antes de los desayunos con los colegas, echaré de menos el saludar a los árboles día tras día.

martes, julio 04, 2006

Maquetas

La primera maqueta de la que tengo recuerdo es una preciosa réplica del Enterprise (de las películas I, II y III) de cerca de medio metro de largo. Dentro del platillo tenía luces que lo iluminaban por dentro, gracias a un pequeño interruptor y a una pila que tenía alojados en el cuerpo de la nave. Era sencillamente preciosa. Me acuerdo de que la hicimos entre mi padre y yo. Es decir, que la hizo mi padre porque yo era demasiado pequeño. Y quedó preciosa.

Después de aquella vinieron otras muchas. Al principio aviones de combate modernos (F14, F-15, Mirage F1, y MIG-23 a 1/72), de la II Guerra Mundial (BF-109 Messerschmitt y P-47 Thunderbolt) y comerciales (DC10-30 y Boeing B747-400). Luego vinieron los barcos: destructores y acorazados (Gniseau y Bismarck), transatlánticos (RMS Titanic), y portaaviones (CVN 69 Eisenhower). También hubo tiempo para volver a la ciencia ficción de mano de Star-Trek (destructor Klingon) y de Star Wars (X-Wing y Caza TIE de Vader). Hubo bastantes. Muchas.

Y bueno, merced a ciertas circunstancias que no viene al caso exponer, el caso es que todas aquellas maquetas ya no están. E iba yo pensando en ellas, algo nostálgico, mientras me dirigía dispuesto a resucitar aquella bonita costumbre que tenía antes de construir cosas, hacia La Tienda. De aquella tienda, sita en la madrileña calle de Fuencarral, salió hace ya más de dos décadas aquella maqueta del Enterprise que comentaba, amén de algunas otras. Y hacía más de una que no aterrizaba por allí.

No ha cambiado nada.

Sigue teniendo su tren eléctrico suspendido encima de la entrada, sus cientos y cientos de cajas hasta el techo y ese ambiente tan especial que te hace saber que entre todas ellas está el tesoro que buscas. Yo en aquel momento no buscaba ninguno en particular, simplemente una maqueta no demasiado sencilla y no demasiado dificil en plástico. Pero entonces me empecé a encontrar con viejos conocidos, con aquellas mismas cajas, indiferentes al paso del tiempo, como si hubiese sido antes de ayer cuando entré a comprar en vez de haber pasado doce años. Estaban casi todas, mis viejas maquetas Revell con aquellos dibujos (nunca fotografías) pintados en la caja, con ese olor especial. Casi no pude contener las lágrimas. También contuve mi voluntad de coger todas ellas, una por una, comprarlas, llevarlas a casa, y montarlas todas de nuevo, rehacer mi perdida colección. Al final me decidí por una maqueta nueva, una pequeñita del Cutty Sark, la cual puede quedar muy bonita si le dedico el tiempo que se merece. Pinturas, pegamento, pinceles, cuter e ilusión a raudales. Con eso es puede construir cualquier maqueta por dificil que sea.

Ayer la comencé. La quilla del veterano clípper está en el astillero y dentro de poco surcará los mares con viento largo por la aleta, rumbo al Mar de China. Con un poco de suerte dentro de poco pondré aquí las fotos.

viernes, junio 30, 2006

Me revientan profundamente los listos.

Así iba a titular una entrada flame sobre cierto tipo de personal, pero mejor voy a dejarlo porque ya está hecha, ya está borrada y ya está el cabreo pasado. De manera queal no ayudar a nadie, la dejaré en ese limbo masivo de las cosas-que-pudieron-ser-y-no-fueron, interesante lugar al que cantó Víctor Manuel en "A dónde irán los besos".

Y es que no ha sido una semana sencilla ésta no...
Y he llegado a una sorprendente conclusión. El número de gilipolleces que tenemos que soportar al día no va en función de lo despierto que se sea. La realidad en la que ahora mismo nado es que tendemos a reflejar nuestras gilipolleces en los demás. Y sustraerse a esto no es sencillo: hay que currárselo, hay que mostrar madurez ante las tonterías que anidan en la mente, hay que aprender a aprender de uno mismo y del mundo... no es sencillo.

Si tuviera que escoger uno de los siete pecados capitales, a lo Vampiro, mi pecado sería la pereza. En una partida que jugué no se me ocurría cómo rolearlo (y conseguir px en consencuencia claro) y pensaba que había pecados mejores para ello.

Y es que los perezosos lo somos en todos y cada uno de nuestros actos y pensamientos.

Es la mía una pereza que nace de dentro, de la consciencia natural de que el enemigo es demasiado grande, porque el enemigo es el mundo, ni más ni menos. Y es que aquí, los retos son en serio. Pues menudo soy. Y la realidad es que, en el fondo, se trata de una excusa barata para no currármelo. Esa es la lectura primera, pero hay otra algo más profunda: es una excusa, igualmente barata, para tomar una identidad propia. Asumámoslo: nadie se enfrenta al mundo sabiendo que va a ganar. Es como si una hoja se enfrentase al árbol del que forma parte. No... es una excusa. Hasta mi inclinación hacia la meditación tiene parte de pereza: una corriente donde el acto supremo es sentarse sin hacer nada. Y encima te iluminas y entiendes todo. Mejor imposible vamos.

Pero hay una tercera lectura, y es la que da esperanza. Que los que somos perezosos simplemente no sabemos cómo convertir nuestra energía en cosas. Y es que ser perezoso es terriblemente cansado. Posiblemente no haya nada que canse más que ser perezoso. Cansa tanto que alguien perezoso está siempre cansado y sin ganas de hacer nada.
Parece ilógico y tonto, pero así es la realidad: estoy invirtiendo una cantidad de energía increible en no hacer nada. Luego esa energía existe, la tengo a mi disposición. Solamente tengo que aprender a convertirla en cosas interesantes.

Me he comprado una maqueta del Cutty Sark. Pequeña y más o menos sencilla de hacer.
Ya veremos qué pasa con ella.

miércoles, junio 28, 2006

Lo bueno de un diario

Hay personas que consideran que lo bueno de un diario es que está lleno de páginas blancas, listas para ser escritas, para llenarlas con pensamientos, con sueños, con gritos, con lo que en ese momento se tenga en la cabeza. Son éstas unas personas que suelen mirar adelante.

Y luego estamos los que pensamos que lo bueno de un diario es hojear lo que escribimos, rememorar lo que pensamos, recordar cómo nos sentíamos y cómo nos afectaban aquellos sentimientos, aquellas emociones, al escribir. Como quien hojea un álbum de fotos y mira la expresiones de las caras y recuerda. Somos éstas las personas que preferimos mirar atrás.

Un diario es tan fiel compañero o tan fiero enemigo como queramos. En sus páginas podemos esconder odios y amores, amistades y enemistades, miel o hiel, lo que nosotros, cocineros irrefrenables, irreflexivos y desordenados, queramos colocar en nuestra personal receta. No siempre es sencillo leer un diario personal. Sobre todo si se es un vago, como yo, un perezoso que busca que le den las recetas hechas, pero que tontamente busca en ellas nuevos y originales sabores, a pesar de saber que no encontrará nada de eso si no se lo curra un poco. Hay momentos en que la vida sabe a spaguettis recalentados en el microondas.

Y tengo la impresión de que ese será el sabor que encontraría si me dedicase a leer hacia atrás en este blog. Me encontraría con viejos problemas, con viejas malas soluciones, con viejos discursos, con viejas disculpas y viejos experimentos. A lo mejor este experimento que hago ahora mismo un día me parece viejo. No, nunca leo hacia atrás por pereza y por miedo de lo que esa pereza me ha hecho, y me sigue haciendo. Potencial desperdiciado.

Es facil engañarse a uno mismo: solamente hay que mirar hacia otro lado, hacia afuera, y pensar que ese tío del espejo es otra persona. Pero cuando se vuelve la mirada hacia las vísceras entonces la realidad te salta a la cara como un chorro de ácido, cruel y abrasador. Y no queda otro remedio que volver a ser un Joker de la vida, con una falsa sonrisa nacida de una falsa alegría.

Y mientras tanto los granos de arena caen, imperturbables, sobre mi cabeza y se amontonan alrededor mío. Ya hay una pequeña montaña. Llegará un momento en que me cubra del todo. Y miro alrededor y veo que hay personas que se dedica a hacer castillos en la arena y que hay otras que nos quedamos mirando estúpidamente el chorro dorado que cae de las alturas y preguntándonos por qué demonios cae, y qué sentido tiene todo. Adivinen, apreciados lectores quiénes serán más felices.

martes, junio 20, 2006

Hay preguntas que nunca tendrán respuesta clara...

... porque en la diversidad de esta nuestra humanidad, cuando se tocan ciertos temas, es imposible desvincular las opiniones de las vivencias personales de aquellos a los que se hace una de estas preguntas. Solamente hay respuestas personalizadas, las cuales dependen no sólo de esas vivencias, sino de habladurías, de lo que nos han enseñado, de lo que hemos visto en la tele, o de lo que nos han contado. Por ejemplo acerca de si importa o no importa el puto tamaño del pene.

Esta pregunta SIEMPRE ha salido a colación en algún momento en TODOS los grupos estables en los que he estado. Sin poder responsabilizar de esto ni al gineceo ni al androceo. Esto no es tan sencillo, no...

Pero después de haber oido y leido hasta que se me han hinchado las gónadas (las cuales tienen ahora mismo un tamaño de globos aerostáticos con respecto a este tema, dicho sea de paso), es evidente que la respuesta a esta pregunta debe ser siempre a la gallega. Osea, depende.

Claro que siempre es complicado postular sobre este tema porque aquello que postulas siempre estará influenciado (para los lectores o contertulios, claro, avispados ellos que no pierden ni una) por el propio tamaño, o forma, o aguante, o la biblia en verso. O los de las parejas que se hayan tenido en el caso de las chicas. Así, si un chaval dice que hay más cosas más importantes que el tamaño, la peña automáticamente lo tachará de pichacorta, mientras que si lo dice una chica no faltará aquel que diga (o piense) que a esa tía lo que le hace falta es una barra de lomo, casualmente como la que gasta él mismo entre las patas. Hay que joderse. Pero es que a la inversa también tiene tela el asunto, porque si un tío dice que gilipolleces, que lo que a las tías les mola según su experiencia es algo como lo del Nacho Vidal y de ahí p´arriba y que aquellas que digan lo contrario mienten, le caerán ostias (lógicamente por otra parte) hasta en el cielo del paladar por chulo. Eso cuando no le tachen de mentiroso y de acomplejado. Y ya como sea una tía la que diga con sinceridad que a ella lo que le molan son los calabacin-size le cuelgan el sambenito de zorra para los restos. Así de evolucionados y de progresistas somos en los albores del XXI amigos. Y a los idiotas que abogamos por el depende, como no se puede sacar nada de esa descafeinada opinión, simplemente se nos obvia. Idiotas digo por pensar que ese "depende" servirá para aclarar algo.

Incluso hay gente que ha gastado dinero en hacer estudios que han intentado ser rigurosos y objetivos sobre el tamaño del sacro miembro, algo que no ha sucedido, creo, con ninguna otra parte del cuerpo, sin fines médicos claro. Se han creado tablas, se han hecho estadísticas y se han publicado estudios, los cuales han sentado las bases para... nada. Porque aquí cada cual sigue teniendo su opinión, habitualmente sujeta a una eterna duda fruto del bombardeo de racimo al que estamos condenados los ciudadanos y que nos invade la retina con la imagen del maromo ideal, el que realmente buscan las chicas. Men´s Health Powa! Y que tiene una polla enorme, claro. De las películas porno ya ni hablamos. Y es que las cosas no cambian en un par de años o de milenios.

Cuánto daño podría haberse evitado, cuántos traumas podrían haber sido eliminados de raíz con que se hubiera puesto un poco de cuidado en este tema. Cuántas parejas podrían haberse salvado si fuese más sencillo hablar en esta sociedad donde estamos cada vez más apiñados, pero cada vez más lejos, y hubiesen hablado con sinceridad, mirándose a los ojos. ¿Orgasmos fingidos? ¿Frustración sexual? Hablemos por favor, hablemos entre nosotros dejando a un lado chabacanerías y gilipolleces. Porque como tengamos que esperar ayuda de fuera vamos listos. Y esto vale para todo lo demás.

De todas formas este tema viene ya de largo. De muy largo, de hecho. Sería tonto pensar que tiene una respuesta sencilla. El falo ha sido un símbolo de poder en bastantes civilizaciones y sería un error pensar que la nuestra, por el mero hecho de ser la más evolucinada (ja), está libre de esas arcaicas creencias. Por favor, que somos la vieja Europa, un respeto.

Lo que tendríamos que hacer es mirarnos más a un espejo de verdad. Tirar de una vez ese espejo manchado y empañado, rajado y roto, salpicado de máscaras, de frases que hemos escrito a lo largo de los siglos del tipo "Formas parte de los buenos, tío" y "Lo nuestro es lo mejor y quien diga lo contrario miente como un bellaco". Tirémoslo a la basura y vayamos a comprar uno barato, pero nuevo, al todo a cien. Limpio. Y mirémonos de una santa vez. Entonces a lo mejor tenemos alguna posibilidad de arreglar algo.

viernes, junio 16, 2006

Ayer estaba cabreado el cielo.

Y eso que había ganado la selección. Una prueba más de que al cielo, y al universo en general, les importa un carajo el fútbol y los humanos.

La ciudad universitaria estaba oscura a las ocho de la mañana y los truenos hacían retumbar los cristales del CPD. Y yo, sentado en mi silla, al lado de mi ordenador, era testigo del ambiente de supina idiotez que construimos cuando pensamos que tenemos poder para algo relevante. Mirad afuera en un día como el de ayer. Mirad afuera en una tormenta. Eso es fuerza. Eso es poder.

Y todavía hay algún tonto que se pregunta la razón por la cual los humanos hemos creado deidades de la nada. ¡Qué sencillo resulta creer en un Zeus iracundo cuando hay una tormenta violenta! ¡Qué facil debe ser ver a Poseidón entre las ciclópeas olas de un tifón en el Pacífico! Y es que cuando la vida nos pone la Inmensidad delante de las narices las cosas se ven de pronto de una forma muy distinta. La palabra inabarcable cobra el sentido que siempre debió tener.

Una persona cuya inteligencia aprecio me dijo una vez que el firmamento era alcanzable desde hacía unos cuantos años. Ya... claro.

Tendemos a darnos demasiada importancia, a dar demasiada importancia a los logros del ser humano. Tal vez sea porque antes de que llegáramos nosotros, nada ni nadie había dado importancia a nada en absoluto. Que se sepa, claro. Tal vez sea porque, por desgracia, no tenemos otra cosa a la que aferrarnos. Tendemos a ocultar con un orgullo desmesurado que, muy en el fondo, sabemos que somos algo muy cercano a cero si nos ponemos en situación.

Y no ha hecho falta esperar a que el Hubble saque fotos de galaxias a billones de años luz, no. Eso es algo que el ser humano sabe desde que, subido en su rama u oculto en su cueva, hace millones de años, miró hacia el cielo y lo vio cabreado. Tal como ayer.

miércoles, junio 14, 2006

Reinones y Republicones

Postula ese genio del humor que es Terry Pratchett que en el multiverso hay una cosa que viaja más deprisa que la luz ordinaria, y es la monarquía.

A grosso modo el razonamiento parte de que no se puede tener más de un rey y que al morir éste la sucesión pasa de manera instantanea al heredero. Así pues es necesaria la existencia de ciertas partículas elementales (los reinones) encargados de hacer esa transferencia, transferencia que es susceptible de fallar si colisiona en su vuelo con una antipartícula o republicón.

Me he acordado de esto por lo siguiente. Esta mañana, mientras desayunaba con los compañeros del curro, me daba una nueva oportunidad de avergonzarme de la sociedad en la que vivo (por alumbrar el 20 Minutos) y de mí mismo (por leerlo y comentar lo que aparece en él). En la penúltima página del diario venía uno de los pocos textos que merecía la pena: una pequeña columa de Fran Pomares titulada "Telepancarta", en la cual arremete contra Telemadrid por el despliegue mediático impresionante que hizo la cadena el sábado pasado en la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, "echando el resto". Acto seguido recuerda lo diferente del comportamiento de Telemadrid en las manifestaciones contra la guerra de Irak, cuando la consigna era "no mencionar las manifestaciones". Columna corta, pero ilustrativa del trágico hecho que es que aquí todos barren con cepillo de acero hacia su casa, llevándose lo que sea a su paso, y sin importar si lo que está en juego es una cerveza, una campaña electoral o la memoria de un asesinado.

Tengo un buen amigo mío que es republicano hasta la médula. O, mejor dicho, es alguien que ha estado pensando que la igualdad es el objetivo a conseguir entre todos los miembros de una sociedad, y que el gobierno que mejor se adecua a ello es una república. No se lo discuto porque pienso lo mismo que él, aunque con algunos matices.

Pero cuando echo un vistazo a los periódicos, cuando me doy cuenta de lo implicados que estamos los españoles en la marcha y en el bienestar de este pais (ejemplos del estatuto de Cataluña y de las reacciones ante la tregua de ETA muy ilustrativos a este respecto) no puedo evitar pensar que qué carajo, que tenemos ni más ni menos que lo que nos merecemos. Que nos merecemos que los políticos nos tomen por el pito del sereno y ya ni se molesten en ocultar que se están riendo de nosotros. Que nos está bien empleado que hayamos alumbrado una sociedad dividida y desorientada. Que somos adalides de incultura y de mirarnos el ombligo, como siempre lo hemos sido. Que un cuarto de siglo de democracia da para sanear una economía y para hacer que un pais se suba al carro del primer mundo, pero no para sacarnos de la tozudez y cerrazón a un pueblo, ni para convertir a un cenutrio en un ciudadano, ni del mundo ni de ninguna otra parte. Que, lejos de dar soluciones a estos problemas, educando a unas generaciones que deberían salir a comerse el mundo y no quedarse en casa a jugar a la consola de turno, amargadas y enajenadas, estamos permitiendo que se vaya al traste la mejor oportunidad que ha tenido este puñetero pais de hacerse a sí mismo.

Por eso, cuando mi buen amigo habla de una Tercera República Española, sonrío interiormente con conmiseración para intentar ocultarme que mis tripas se revuelven porque ellas son perfectamente conscientes de que estamos tan lejos de esa república como a principios de siglo. O aún más. Y de que no nos la merecemos.

Por desgracia, los Pirineos no son solamente frontera para nubes e ideas (que no para inmigrantes cuidado, en eso somos gente del siglo XXI), sino también para los pobres y sufridos republicones. Y los reinones, que llevan aquí tantos siglos, salvaguardando los valores tradicionales de este pais, y que han medrado, lozanos ellos, como setas después de una tormenta, son multitud, y viven firmemente incrustados en el córtex de la gente. No necesitan ni decir que están.
Pero en cada linea de columnista, en cada palabra de tertuliano, en cada mirada perdida en el Metro, esas malditas partículas nos recuerdan lo que somos. Y alguna antipartícula perdida y despistada nos invita a soñar con lo que podríamos ser.

viernes, junio 09, 2006

Enseñanza oriental.

Hay una frase: el loto solamente florece en el barro.

A nadie se le escapa que es después de haber pasado penurias cuando se disfruta al máximo de una recompensa, que alguien que no haya probado bocado en una semana gozará más de un trozo de pan que Nerón de un banquete en su Casa Dorada.

Lo que sí se nos escapa muchas veces es que el hecho de pasar penurias no implica una recompensa final. Son hechos independientes que, cuando se juntan, dan lugar a una experiencia enriquecedora como ninguna, pero no tienen por qué ir unidos.

No... pero aun así, el pasarlo mal tiene sus compensaciones. Posiblemente tienes la atención de los que te rodean; si no te caes te haces más resistente y, quien sabe, a lo mejor más sabio. Decía Nietzsche que aquello que no te mata te hace más fuerte. Una tempestad hace más recia a la tripulación de un barco; si sobrevive para ver salir de nuevo el sol.

Gracias al factor recompensa, sea en forma de golosina al final del camino o sea de la algo más madura manera que es ver el sufrimiento como algo global que también tiene algo positivo, el caso es que hay muchas personas en este mundo que nos hemos especializado en pasarlo mal. Que llevamos pasándolo mal mucho tiempo, a pesar de tener vidas estupendas (por lo menos yo), y dejamos que cada instante se diluya en un mar de recuerdos de los que solamente quedará... nada. Porque habrá un momento en el que nos habremos ido para siempre.

No voy a entrar a analizar esta vena masoquista personal que arrastro. Pero si alguien siente curiosidad por averiguar la razón que me hace tan cercano al Zen, la tiene en esta entrada.

Lo único que sé es que mi barco avanza por el mar buscando tempestades, sin más objetivo ni rumbo que pasarlas. ¿La razón? No tengo otra que no sea mi barco.

martes, mayo 23, 2006

¿Qué haríamos sin prejuicios?

En el momento en el que la propia visión del universo no incluye otras posibles visiones, creo que hay un problema.

Tomemos el ejemplo de una persona que haya creido toda la vida que tiene la razón en todo, poco a poco irá incorporando elementos a su visión del universo conforme vaya viviendo. Diez años después, mientras sigue pensando que tiene razón, si se le pregunta acerca de lo que pensaba hace una década, dirá o bien que estaba equivocado o bien no tenía la suficiente información o no sabía lo suficiente "de la vida". En algunos casos es posible que siga pensando lo mismo que hace una década, sobre todo si ya es persona madura.

No considero que sea perjudicial pensar que se tiene razón acerca de un tema, pero sí creo que lo es cuando ese pensamiento domina y eclipsa al resto de factores que pueden variar la propia opinión acerca de ese mismo tema. Dejar abierta una puerta a la incertidumbre teniendo asímismo la certidumbre de que es dificil tener todos los factores para estar al cien por cien seguro no es no estar seguro ni es una carencia de fe en el criterio propio; es mantener una prudente distancia para que entre algo que, con un poco de suerte, puede hacernos mejores o por lo menos un poco más sabios.

La raiz del prejuicio es la preeminencia de esa ideosincrasia que elimina cualquier tipo de incertidumbre. Una experiencia previa no siempre genera un prejuicio. De hecho un prejuicio puede ser independiente de cualquier tipo de experiencia directa.

Ejemplo de prejuicio mío: las dictaduras.
Las odio. Las odio con toda mi alma a pesar de no haber experimentado nunca lo que es vivir bajo una de ellas. Y no creo que haya nadie en el mundo que sea capaz de convencerme de que una dictadura es mejor que una democracia, y que con Franco los españoles vivían mejor que ahora. Yo mismo he decidido cerrar la puerta de la incertidumbre en este tema en concreto porque considero que sé lo suficiente sobre las dictaduras como para decidir que son perjudiciales. Y no es que no sea posible que alguien llegue y me baje de mi pedestal, es que no estoy dispuesto a que nadie lo haga. No quiero bajarme. Estoy bien aquí.

Creo que es absolutamente natural que las personas tengamos prejuicios, pero también sería natural y (creo) más sano si simplemente tuviésemos opiniones. Porque con una opinión se puede hacer algo, pero con un prejuicio no. Los prejuicios no sirven más que para ahorrar esfuerzo mental a la hora de analizar una situación, una forma perezosa de dar una respuesta, una manera de obviar que no hay dos situaciones iguales, una automatización en aras de una estabilidad mental. El prejuicio es rígido y la opinión, en cambio, es flexible y bastante maleable. Pero el prejuicio tiene un valor añadido que le dan una importancia capital hoy en día.

Un buen ejemplo de esto son las tertulias. Las tertulias despiertan interés precisamente porque en ellas se suelen dar cita entes con mentes tan rígidas como asteroides. Y, no nos engañemos, es más divertido ver chocar a dos asteroides que ver colisionar a dos nubecillas. Me imaginaría que los Trolls montan tertulias y los Elfos organizan pacíficos debates si no me hubiera leido tantas veces el Silmarillion como para saber que la realidad sería precisamente la contraria.

Y siguiendo esta línea...
¿Qué sería de nosotros si no pudiésemos decir a gusto en el bar que los catalanes son unos agarrados, que los andaluces son unos vagos o que los madrileños son unos chulos por saber que hay de todo en todas partes? ¿Qué sería de nosotros si no pudiésemos poner a parir a la clase política por no conocer personalmente a nadie de esa clase? ¡Cuán trágico sería no poder tener la base para opinar que todos los gabachos son unos cerdos, que todos los ingleses son más raros que un perro verde o que todos los alemanes son cuadriculados! ¡Qué mal rollo daría no poder comentar con el taxista que los fachas deberían morir dolorosamente o que los sociatas son la lacra de este pais simplemente porque se conocen personas que no cumplen esos cánones! ¡Qué pena daría no poder decir que la reina Sofía tiene que agacharse para entrar por las puertas o que el rey Juan Carlos es un tío muy campechano por no haber cruzado con ellos palabra alguna!

Pero ¿cómo podríamos vivir así? Qué hastío, ¿no compañeros?

lunes, mayo 22, 2006

Rebelión

Enlazando con mi anterior post me descubro pensando acerca de la naturaleza del rebelde.
La entrada anterior la escribí por dos motivos. El primero era para averiguar si alguien se hacía eco de la idea de que las oportunidades para ser un rebelde son muchas, pero por alguna razón, están todas demasiado usadas para ser útiles. La segunda es que hacer una pregunta como la que planteé siempre da respuestas interesantes y muy indicativas de lo que piensa una persona y de lo que es importante para ella.

Respondiendo a Athair, no creo que la rebeldía sin causa exista, de la misma manera que no puede existir un "arriba" sin un "abajo". Toda rebeldía siempre tiene una causa, porque no se puede disociar de ésta. Otra cosa es que la causa esté a la vista o profundamente enterrada, pero siempre está ahí, latente, una injusticia, una circunstancia que hace pensar que las cosas pueden ser de otra manera, algo que empuja al ser humano a luchar.

No. Siempre hay una causa. Y hoy en día se tienen muchas causas por las que luchar y salirte de la manada. Muchas más que nunca, opino.

Lo que sucede es que ese ente, lento pero inteligente, al que se conoce por "civilización occidental", ha creado una manda para aquellos que se quieren salir de la manada. Ese ente aprende y es muy listo.

Mirando a mi alrededor me doy cuenta de que no hay demasiada innovación a mi alrededor, en materia de manera de pensar y de actuar. Ser ideológicamente de izquierdas es cada vez más dificil porque cada vez queda menos espacio para lo nuevo. Sencillamente porque para "lo nuevo" ya hay creado un espacio determinado dentro del todo, un espacio controlado desde el que ir dosificando lo nuevo en la medida deseable. La civilización occidental, harta de enfermedades milenarias, ha optado por vacunarse contra el nocivo virus de la rebeldía. Los del otro lado del charco tienen razón: Europa es La Vieja Europa.

Amandil relata bien esta idea cuando acertadamente aporta:
Lo cierto es que los antiguos símbolos de rebeldía (fumar, ser malote, beber, ser el más machote, pasar de la "pasma", saltarte los tabús, etc,) con el tiempo se acaban convirtiendo en los cotidiano y lo propio "del sistema".

Decía Athair que las rebeliones son mejores si te ayudan. Y es una afirmación que tendría que ser verdad. Que debería ser verdad. Pero por desgracia no es así: ir en contra de un gigante solamente te puede acarrear problemas, sencillamente porque es más grande y fuerte. Y más viejo. Y este gigante es muy muy viejo. Tal vez no en edad, pero sí en experiencia.

Femmenue da un giro muy interesante a la cuestión diciendo:
En mi opinión, la sinceridad descarnada es una clara manifestación de rebeldía en estos tiempos, en los que en todos lados venden humo.

Es una verdad como el templo de Karnak. Se me ocurre que en todas las rebeliones que alguna vez han sido, son, o serán, tienen en el centro a una o a varias personas que han tenido los arrestos suficientes para denunciar algo que estaba mal, sin cremita ni paños calientes. Es una de las bases, sin duda.

Pero la rebeldía que propone Vanessa cuando dice:
Pues yo pienso que para ser rebelde basta con hacer todo lo contrario a lo que te ordena la gente que te rodea.
... posiblemente sea vigente en otras circunstancias. Pero en el presente de órdenes de sutiles, de manipulación subterránea, de mano de hierro con guante de terciopelo y de continuo bombardeo de imágenes, no creo que haya lugar para ella. No basta con eso.

Eleder da un salto cualitativo al tema cuando dice que:
Tener fe en el ser humano.
No creo que, hoy por hoy, pueda haber mayor rebeldía que ésta. Ni más peligrosa.

Estoy de acuerdo, porque además es algo que no pierde vigencia. A cualquiera que mire un poco alrededor se le ocurre de vez en cuando que la idea de una extinción masiva no es tan mala como no la han pintado. A cada momento, sobre todo en las ciudades, se muestra la peor cara del ser humano. De vez en cuando hay un mínimo retazo de iluminación al que, por comparación a lo rutinario, le atribuimos la potencia de una nova, cuando vemos por ejemplo que alguien le cede el sitio a una embarazada en el autobús, o que varias manos ayudan a alguien que se ha resbalado y caido en la calle. Y nos pasamos sonriendo medio día.

Sí, tener fe en el ser humano es hermoso. Y es rebelde porque casi nadie la tiene hoy en día. Es una buena base de la que partir para hacer muchas cosas.

Pero para hacer... ¿qué?
La sinceridad y la fe en el ser humano son herramientas poderosas. Pero ¿qué se puede hacer con ellas?
O tal vez no es necesario hacer nada con ellas porque el mero hecho de poseerlas es indicativo de rebelión y son al mismo tiempo herramienta y objetivo.
Tal vez sea verdad que las rebeliones masivas han demostrado su ineficacia y que se debería optar por rebeliones estrictamente personales.

A fin de cuentas, el egoismo, tan humana característica, ni buena ni mala, está presente en todos los actos. Las rebeliones no iban a ser una excepción.

jueves, mayo 11, 2006

Rebeldes

Quiero lanzar una pregunta aquí a todos mis lectores, una pregunta que me lleva rondando por la cabeza unos días.

¿Qué se puede hacer hoy en día en este pais para ser rebelde?

Porque mis respuestas y soluciones personales, tales como intentar mantener un criterio propio, no haber tenido televisor hasta hace poco, ir en metro a pesar de que el día anterior te hayan avisado de que hay peligro de bomba, leer y hablar de cosas trascendentes mientras a tu alrededor se habla de fútbol... me saben a muy poco. A demasiado poco.

miércoles, abril 26, 2006

Una parte pequeña, pero importante

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El San Juan Nepomuceno

El 21 de Octubre de 1805 tuvo lugar uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia contemporánea española: la Batalla de Trafalgar.

Trafalgar es un nombre que no recuerdo cuándo aprendí, porque tengo la impresión de haberlo conocido siempre. Mi padre solía contarme muchas historias sobre barcos. Me encantaban, y me siguen encantando. Lo único que recuerdo es que conocía el nombre de la batalla antes de saber que existía un cabo al cual se le debía. Lo conocía incluso, probablemente, antes de saber qué era un cabo.

En esa batalla se decidieron muchas cosas. Fue, probablemente, un punto de inflexión en el devenir de la historia de una Europa inmersa en el fragor de las Guerras Napoleónicas, posiblemente de una importancia comparable a la de la batalla de Austerlitz o a la de Waterloo. En un resumen rápido diré que enfrentó a la escuadra británica al mando del ya Almirante Horatio Nelson, que enarbolaba su insignia en el "Victory", y a la escuadra combinada franco-española del Almirante Villeneuve cuyo buque insignia era el "Bucentaure". Federico Gravina y Nápoli, marino de notables capacidades y Teniente General (rango similar al de Almirante) de la Real Armada, era el segundo al mando con su insignia arbolada en el navío "Príncipe de Asturias". En el devenir de la batalla, los británicos y el genial Nelson derrotaron completamente a la combinada, hundiendo o capturando la mayoría de los buques enemigos.

A principios del XIX y siendo herederas de una tradición marítima de siglos, el grueso de las armadas europeas estaba formado por los llamados navíos de línea. Esta denominación venía del hecho de que el armamento en dichos buques estaba en los laterales de los mismos, organizados en baterías o "puentes", y de que en una batalla naval, los buques formaban una linea frente al enemigo para que su potencia de fuego fuera máxima. Así, los buques a partir de 50 cañones ya contaban con dos puentes, uno encima del otro. A partir de esa cantidad, había navíos de hasta 140 cañones y de cuatro puentes (extremo este último el del Santísima Trinidad, buque español que en Trafalgar contaba con esa cantidad de bocas de fuego, y que era el navío más grande del mundo), divididos en clases según el número de cañones que tenían. Así tenemos los de primera clase, navíos de más de 100 cañones y tres puentes, salvo el ya mencionado Santísima Trinidad, que contaba con cuatro (en la parte izquierda, pintura de la web Art Contact, Autor: Geoff Hunt), los de segunda clase, buques de entre 98 y 80 cañones y también de tres puentes, los de tercera clase, navíos de 74 y 80 bocas artilleras con dos puentes, y los de cuarta clase, barcos que habitualmente contaban con 64 o 60 cañones, también de dos puentes. La quinta y sexta clase contaban solamente con un puente o batería y no eran considerados navíos de línea. Las fragatas, corbetas, bergantines, balandros, jabeques, etc, pertenecen a estas clases.

De entre todos los navíos que participaron en la batalla de Trafalgar, hay uno al que le tengo un cariño especial. Se trata de un navío de tercera clase, del cual tenía una maqueta, una preciosa maqueta (actuálmente desaparecida), orgullosamente presidiendo el salón desde encima del televisor: El San Juan Nepomuceno, navío español de 74 cañones al mando del Brigadier D. Cosme Damián Churruca y Elorza (otro nombre que conocía antes de saber de la existencia esas míticas pipas). Me pasaba largar horas contemplando la maqueta e imaginando cómo debio de ser este mastodonte hecho de manera, brea y metal, y reflexionando acerca del arte de navegar, (porque organizarse entre tanto cabo y tanta vela y hacer que un navío tan grande vaya de un sitio a otro solamente usando la fuerza del viento, tenía que ser por fuerza, un arte).

Hay una historia acerca de este navío y de su comandante, el mencionado Brigadier Churruca, que cuenta las últimas horas de este navío en manos españolas. Dicen que una bala de cañón arrebató una pierna de cuajo a Churruca, que se levantó y que diciendo "¡Esto no es nada! ¡Que siga el fuego!" siguió al mando de la defensa de su navío hasta que se desangró sobre la cubierta de teca del alcázar del "San Juan", cubierta que ya estaba, por otra parte, llena de sangre. En ese momento el barco estaba siendo acosado por cinco navíos de línea ingleses, dos de tres puentes, los cuales descargaron sin descanso toneladas de balas y metralla sobre el casco y la tripulación del "San Juan". Finalmente, después de varias horas de combate, muertos Churruca y el primer oficial, con más de la mitad de una tripulación de 700 hombres fuera de combate, heridos, moribundos o muertos, finalmente se arrió la bandera y se rindió el buque a los ingleses, los cuales lo remolcaron hasta Gibraltar.

Curiosamente las fuentes desde las cuales se comenta con admiración la resistencia del San Juan y de su comandante no son solamente españolas, sino también francesas y británicas, especialmente estas últimas. Churruca es un nombre que ha perdurado a través de los siglos como símbolo del valor y de la resistencia. Aunque fuesen un valor y una resistencia vanos, muy similares (aunque no iguales) a un suicidio.

Aunque es una historia con final triste la de Trafalgar en general y la del "San Juan" en particular, es posiblemente el barco al que más cariño tengo de todos los que he conocido, muy por encima de otros compañeros de Trafalgar como el "Victory" inglés, el "Trinidad" español o el "Bucentaure" francés; por encima del "Endeavour" y el "Resolution" de Cook, por encima de la nao "Victoria" de Juan Sebastián Elcano, por encima de la "Santa María", la "Pinta" y la "Niña". Por encima del "Titanic", del "Mauritania", del "Bismarck" y del "Nimitz". El "San Juan" es vástago de una época que fue el apogeo de la navegación a vela, para mí la única navegación de verdad. Es un recordatorio de los errores pasados, de la típica cabezonería y cerrazón que han aquejado tradicionalmente al pueblo español, pero también del valor y del corazón que es capaz de mostrar ese pueblo ante la adversidad. Aunque esa adversidad sea un suicidio, como lo fue la más famosa y trágica batalla naval de todos los tiempos.

¿Cómo no sentir cariño por él?

miércoles, marzo 29, 2006

Una sociedad dividida

Una sociedad siempre tiene divisiones. Es algo natural.

Son las divisiones que tiene una sociedad lo que define lo plural que es. Y considero que una sociedad plural es una sociedad rica y con potencial. Pero para que este potencial se convierta en realidad es necesaria una cosa más: que esas divisiones sean porosas, que permitan la comunicación a un lado y a otro de ellas. Como la membrana plasmática de una célula, como las cortinas de una ventana, como la atmósfera de un planeta. Divisiones y fronteras que definen pero no aislan y que protegen pero no asfixian.

Porque cuando una división se convierte en una barrera aparecen problemas serios.

Entre los muchos dramas que han aquejado tradicionalmente a los habitantes de la península ibérica, tales como la ineptitud de los gobernantes, la pobreza, la incultura y la cerrazón de miras, hay uno que me sobrecoge especialmente: la fractura en la sociedad.

Hace siete décadas ocurrió algo en este pais que creo que es, con diferencia, lo peor que puede pasarle jamás a un pueblo. Estoy seguro de que muy pocos de mis lectores habrán vivido directamente una guerra civil, pero también estoy seguro de que saben perfectamente de lo que hablo porque algún familiar suyo, abuelos, bisabuelos, padres, sí que la habrán vivido. Este es mi caso.

Cuando recuerdo a mi abuelo paterno, que en paz descanse, recuerdo también sus historias de la guerra. Siempre contaba las mismas anécdotas, habitualmente graciosas, que vivió en esos tres años. Pero eso nunca me ha llevado a engaño. Hay muchas otras cosas que mi abuelo jamás contó sobre la guerra, temas sobre los que guardó silencio siempre, y que nadie conoció excepto él. Son memorias que se han perdido para siempre. Pero eso no significa que no hayan existido.

Cuando pienso en la guerra civil pienso que, como mi abuelo, millones de personas que vivieron aquella época, aquellos años oscuros, han guardado silencio sobre muchas cosas. Han intentado salvaguardar a aquellos, hijos suyos que tuvieron la suerte de no vivir aquella época, de los horrores de la guerra, horrores y tristezas demasiado hondas para ser olvidadas, demasiado profundas para que un abrazo dulce las borre para siempre de la memoria.

Hoy, siete décadas después, la primavera acaba de empezar en este pais aparentemente nuevo. Las viejas heridas superficiales se han borrado sin dejar rastro. Pero las heridas profundas son bastante más viejas, y no se borran facilmente.

Ahora hay una oportunidad de plantar una buena sutura a una de ellas. Y ¿cómo han reaccionado algunas personas? Con odio, con rencor, con furia, con ansias de venganza. Piden la sangre de aquellos que virtieron sangre.

De verdad que a veces puedo hacer mías las palabras de Larra antes de suicidarse de un disparo.

A todas esas personas que no son capaces de perdonar les deseo que pronto puedan encontrar la suficiente serenidad para darse cuenta de que una bofetada solamente puede ser seguida de otra y que la sangre no se lava con más sangre.

Eso es todo.

lunes, marzo 13, 2006

Incomodidad

Hay personas con las cuales nos sentimos cómodos y otras que, sin saber demasiado bien la razón, despiertan incomodidad en nosotros. Es algo natural, y que creo que funcional al varios niveles. Tanto conscientes como inconscientes.

Así, en un extremo del espectro, está la persona con la que empatizamos y simpatizamos rápidamente, aunque solamente hayamos cruzado un saludo y un "cómo estás" de cortesía. En el otro extremo está la persona que nos resulta antipático con solamente verle.
Esta primera impresión puede verse reemplazada en mayor o menor grado según se van compartiendo vivencias con esa persona. A veces la variación en el juicio es tal que resulta imposible pensar que alguna vez esa persona nos cayese tan bien o mal. Así de auténticos somos los seres humanos.

Me he dado cuenta de algo que me parece interesante. Cuando me siento incómodo con una persona suelo fijarme en si tengo un motivo racional o no para sentirme así. En caso de que lo tenga, no hay problema y ahí se acaba la historia.

Pero en caso de que no consiga identificar ese motivo, y siguiendo mi personal axioma de "si lo que buscas no está fuera, solamente queda un lugar donde buscar", empiezo un proceso de exploración interior, a menudo a posteriori, para encontrarlo. Y me encuentro con cosas incómodas, pero no por ello menos interesantes.

He llegado a la conclusión de que hay personas cuyas forma de comunicar te permite ver sus virtudes y admirarlas. Y luego hay personas cuya forma de comunicar transmite la carencia de ellas que tiene el resto del universo.

Probablemente esta divergencia sea una cuestión de grado. Una persona culta puede despertar admiración si, llegado el caso, demuestra con sencillez que es culta; o bien puede despertar antipatía si demuestra en exceso lo culta que es. A las personas no nos gusta que nadie ponga de relevancia que no somos perfectos y que estamos llenos de carencias. Siguiendo con el ejemplo anterior, inmediatamente tacharemos al sujeto de enterado y/o pedante, por simple reacción.

El problema, de nuevo, es interno: del observador, el cual se siente atacado, aunque muchas veces el objeto agresor no esté procesado, aunque sí identificado. Y continuando con el ejemplo, ese observador "atacado", siendo consciente de que interiormente le fastidia la pedantería del sujeto que observa, no tiene procesado ese pensamiento; procesado que le permitiría llegar a la conclusión de que la raíz del problema es que se siente mal por ser menos culto que ese sujeto. Y el exceso de virtud del que hace gala dicho sujeto simplemente hace que el observador saque (metafóricamente hablando) las garras.

Hay areas de mi vida en las que sacarme de mis casillas es realmente dificil, mucho, porque me siento seguro: sé que soy fuerte en ellas. Me siento relajado y no me importa que alguien pase por enfrente haciendo gala de algo que yo ya tengo. Si la cosa es realmente estrambótica podría provocarme humor o incluso tristeza, pero nunca incomodidad.

Pero en aquellos temas vitales en los que me siento inseguro, de repente empiezan a saltar alarmas por todas partes cuando aparece una persona mejor que yo. La sensación de incomodidad y la tensión aparecen y se apoltronan apaciblemente a ver cómo yo me vuelvo medio loco y empiezo a formular pensamientos y preguntas sin respuesta. No es agradable.

Tampoco es agradable observar y racionalizar en esa situación, porque las heridas y las debilidades están a flor de piel. Pero ser consciente de este proceso es un buen trampolín para ser consciente de los propios puntos débiles y para poder remediarlos. También para ponernos en nuestro lugar, y de esa manera poder poner en su lugar al resto del mundo.

Aunque sea a posteriori, es un ejercicio de notable importancia.

jueves, marzo 09, 2006

Sociedad Tolkien y Hammo.

Quien me conozca, aunque sea poco, sabe de mi afición por JRR Tolkien y por su obra. Esa afición, que durante años había tenido un carácter estrictamente personal, encontró como por casualidad un lugar donde podía dar rienda suelta a todo su potencial. Esto ocurrió a principios del año 2000, hace cerca de seis años, y en este lugar.

Llegué allí en las nubes, pero tardé menos de año y medio en impactar contra el duro suelo a una velocidad vertiginosa. La culpa, no hace falta decirlo, es mía, y mi carrera dentro de la sociedad ha sido la que ha sido por una serie de errores que cometí. ¿Lección aprendida? Ya veremos.

En esos dos primeros años aprendí muchas cosas acerca de mí mismo y de las personas que me rodeaban. Esas personas, compañeros de afición, de juergas y de cervezas, fueron también mis compañeros de camino. En la STE apredí a reir de verdad, a llorar de verdad, a amar de verdad, y más tarde a odiar de verdad. Podríamos decir que crecí dentro de la STE; y ella ha cargado con muchas de las culpas y mucha de la tensión de frentes que tenía abiertos. Algunos aún lo están. Pero ya es hora de cerrarlos y de ser un poco justo.

Acabo de mandar un correo electrónico a R, una bella dama novia de un amigo mío, que me pidió información acerca de la STE y de lo que se hacía en ella. Ha pasado una semana desde que me lo pidió y desde entonces no había encontrado, o mejor dicho, no había querido encontrar tiempo para escribirle. Pero ha habido un revulsivo que me ha hecho plantearme la inmadurez de mi postura ante la STE, y es ni más ni menos que este, y por extensión, este otro.

Para los que no lo sepan, el smial de Hammo es la segunda delegación (cronológicamente hablando) de Madrid. Surgió del antiguo Smial de Númenor por motivos que no viene al caso exponer ahora. Durante un tiempo demasiado largo esperé demasiado de este smial, y durante ese tiempo le dí mi confianza y mi apoyo ante el universo. También le dí mi energía y, hasta cierto punto, mi casa. Y mi impresora ;).
Luego me perdí por esos mundos, hastiado, y con ganas de dedicarme a mis cosas. Solamente tuve contacto con unas pocas personas de Hammo, las cuales me iban contando qué tal andaban las cosas por allí. Luego ni siquiera eso.

Pero ahora, dos años después, cuando leo los mails de agradecimiento de las personas que asistieron a la III Mereth DraCon, siento alegría por ver que ese cúmulo de sueños que era el Hammo que yo conocí se ha convertido en un cúmulo de realidades. Yo no he participado en ello, pero eso ya no importa.

Chicos, chicas, hammlings todos, mi enhorabuena de todo corazón.
Muchas felicidades.

martes, febrero 28, 2006

Cada uno en la medida de nuestras posibilidades...

... caminamos por nuestra vida haciendo cosas. Solemos pararnos a pensar de vez en cuando y a veces miramos atrás para ver el camino recorrido. A veces incluso miramos hacia adelante en busca de sueños, ilusiones y fuerzas para seguir adelante cada instante. Seguimos caminando.

Pero la persona espiritual, capaz de todo esto, es también capaz de sentarse un rato al lado del camino y simplemente observar el ajetreo. El camino es como una calle aledaña a un mercado persa. Hay personas por todas partes, habitualmente con prisas por comprar o vender, curiosos que deambulan entre los puestos, mercaderes que gritan al universo sus ofertas, juglares y tragafuegos que divierten a los viandantes, predicadores en busca de discípulos, místicos y ayunadores, y mucha otra gente de diversos tipos.

En ese momento, al calor del medio día, una persona en mitad del ajetreo descarga del hombro su canasto lleno de ropa, busca un rincón a la sombra, se sienta y respira. Y respira. Y no hace otra cosa que respirar y observar cómo el universo depliega sus colores ante ella. Pero no hace caso del universo, simplemente lo observa. Y respira, y sigue respirando. Y con cada respiración siente una vida: con cada inhalación un nacimiento y con cada expiración una muerte. Pero no hace caso y sigue respirando. El mundo se contrae y se expande, se puebla de fantasmas; aparecen recuerdos y sueños, ojos que miran, monstruos y personajes de todo tipo. La locura está a las puertas. Pero no hace caso y sigue respirando. Y respira. El tejido de la realidad se desdibuja, se pierde. Todo se convierte en ilusión,maya, sueño. Viene la oscuridad. Pero no hace caso y sigue respirando. Y sigue observando. Y sigue respirando.

La gente del mercado, ajenos a todo lo que no sean sus asuntos, pasan a su lado sin mirarle siquiera, sin ser conscientes de que ahí, a su lado, está alguien que conoce La Verdad. Simplemente ven a alguien sentado, con los ojos cerrados, las manos formando un óvalo, descansando una sobre otra, los pies cruzados uno sobre otro.
Es una hermosa visión, pero nadie tiene ojos para ella.


Un hombre en el mercado.

viernes, febrero 17, 2006

¿Qué decir que no haya dicho otro ya, y mejor que yo?

Esta pregunta me la hago varias veces al día desde hace algún tiempo cuando abro el panel de Blogger y me dispongo a escribir sobre algún tema.

Echar un vistazo a los blogs que tengo enlazados en la parte izquierda no ayuda demasiado a que me anime a escribir, porque son a cada cual mejor. Tener un entorno de personas sublimes te puede motivar para mejorar, pero también puede hacer que te quedes parado y dedicarte a abservar lo bien que lo hacen. Si esta situación se aplica a este blog y se le añade mi falta de tiempo no es dificil imaginar por cuál de las dos opciones me he inclinado.

He estado tentado de escribir acerca de mi trabajo en la UCM y de lo inútiles que pueden llegar a ser algunos funcionarios, de los días y noches tan estupendos que paso con mi amor y de lo maravillosa que es, de filosofía oriental y de la extraña mescolanza llamada "New Age" que ha surgido del encuentro de aquella con Occidente, de lo hermosos que pueden llegar a ser los atardeceres si se contemplan en silencio y con la actitud mental adecuada.

Pero todo el mundo sabe cómo son los funcionarios, mis días y noches con mi dama son tan geniales que escribir sobre ellos no serviría de nada, la filosofía oriental y la New Age han dejado de ser un terreno "alternativo" (ya que todo el mundo ha oido hablar de decorar la casa según las reglas del Feng Sui, de consultar el I Ching, de hacer Yoga, de vivir la vida según el Tantra, etc), y creo que lo hermoso de ver un atardecer no es desconocido para nadie.

Así soy yo, simple y sencillo a la hora de comunicar.

Carezco de la retórica y de la capacidad para hacer punzantes análisis que tienen el Capi y el Emperador. No poseo la facultad de transmitir devoción y fe que tiene mi buen Eleder, ni los sólidos conocimientos sobre historia y política del Último Íbero. Tampoco tengo la gran capacidad de análisis ni el sentido común de Rapunzell ni la inteligencia de Tindriel ni la energía de Athair.

Cuando pienso que tengo algo que decir al mundo en general encuentro varias razones para dejarlo estar y quedarme en silencio.

De todas formas, seguramente todas esas razones sean excusas baratas para encubrir un hecho cristalino, que es que no me apetece escribir.

martes, enero 31, 2006

Las palabras entonces no sirven. Son palabras.

Sabias palabras de Rafael Alberti, el cual como escritor y persona supo que hay situaciones en las que las palabras, simplemente no son suficientes.

Algunas personas me han comentado de viva voz su deseo de que escriba más cosas en este pequeño reducto virtual de pensamientos y vivencias. Por desgracia cada vez tengo menos deseo de escribir.

¿Tal vez otras cosas ocupan mi tiempo y mi mente? ¿Mi amor, mis dos trabajos, mi guitarra y mis libros no me dejan tiempo acaso para escribir? Lo dudo. Escribir es sencillo. Cada día suceden muchas cosas merecedoras de ser denunciadas o alabadas, comentadas o debatidas. Hay material para miles de entradas al día. Sacar diez minutos para escribir una entrada no es dificil.
¿Tal vez me suceden menos cosas interesantes? Justo lo contrario, afortunadamente.

No. Posiblemente sea que cada vez siento menos necesidad de dar esta virtual cara al universo. Cada vez tengo menos cosas que decir. Los debates acerca de los interesantes temas que promueven los "blogeros", amigos, compañeros y conocidos míos, que tengo enlazados y que visito regularmente, cada vez me interesan menos.

No. Nos hemos perdido en algún momento del camino. Hemos perdido el norte.
Siento que se me está escapando algo de vital importancia; algo que es tan obvio que lo estoy pasando por alto constantemente. Y también siento que esto mismo que estoy haciendo, como tantas otras cosas, no son sino distracciones.
Panem et Circenses; aun estoy buscando la salida del Circo Máximo.

Ahora en mi salón hay una caja tonta.

lunes, enero 16, 2006

Conversación en una cafetería de la UPM.
09:45 AM


Ear: Pues sí, chicos las cosas pintan mal y hay que hacer algo. Nuestra continuidad aquí está en peligro. Pero antes de plantearnos pasar a mayores tenemos que ver si somos capaces de tener una mínima organización. Planteo que quedemos hoy mismo las diez personas de este listado (señalando una raida libreta) para debatir las directrices que seguiríamos en caso de que esto marche.

Compañero 1: Perfecto. Entonces podemos quedar a las 14:30 en la sala de abajo que tendremos calma. Y de paso les decimos a los compañeros.

Ear: Guay. Me parece bien. ¿Todos de acuerdo?

(Murmullo, general y no demasiado entusiasta, de aprobación)

Compañera 1: ¿Y no podemos hacerla a las 14?

Compañero 2: ¿Por?

Compañera 1: No, porque estas cosas, ya se sabe, siempre se lían, y claro, lo mismo se termina tarde.

Ear: Mejor. Así verificamos el grado de implicación que va a tener la peña en esto. Es importante: se trata de nuestro trabajo. Si terminamos a las 15:30, pues a esa hora hemos terminado.

Compañera 1: Pues yo me voy a las 15.

(Contrapicado que enfoca a Ear, el cual pone los ojos en blanco y por un leve momento detesta pertenecer a esta generación, tan batalladora y altruista ella).

Fundido en negro.

viernes, enero 13, 2006

El mejor Chiste de Rubias de la historia.

Tengo poco tiempo pero esto está sin actualizar, así que post corto al canto.
Disfrutad del mejor chiste de rubias de la historia. Es un poco largo, pero me encanta.

Ciao!